Carta a Dios de un soldado

ESCUCHA DIOS:

Yo nunca hablé contigo, hoy quiero saludarte.
¿Cómo estás?
Sabes, me decían que no existías y yo tonto creí que era verdad.
Anoche vi tu cielo oculto en un hoyo de granada. ¿Quién iría a creer que para verte, bastaba con tenderse uno de espaldas?
No sé si aún querrás darme la mano, al menos creo que me entiendes. Es raro que no te haya encontrado antes, sino en un infierno como éste.
Pues bien… ya todo te lo he dicho, la ofensiva nos espera para muy pronto.
Dios, no tengo miedo, desde que descubrí que estabas cerca. ¡La señal! Dios ya debo irme. Olvidaba decirte que te quiero.
El choque será horrible en esta noche.
Quién sabe… tal vez llame a tu cielo.
Comprendo que no he sido amigo tuyo, pero ¿me esperarás si hasta Ti llego?
Como miras Dios, estoy llorando… Tarde Te descubrí, cuánto lo siento.
Dispensa… debo irme. Buena suerte…

(Qué raro, sin temor voy a la muerte…)

Encontrado en el bolsillo de un soldado muerto durante la segunda guerra mundial.

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QUERIDO AMIGO

Te escribo desde mi cruz a tu soledad, a ti, que tantas veces me miraste sin verme y me oíste sin escucharme. A ti, que tantas veces prometiste seguirme de cerca y sin saber por qué te distanciaste de las huellas que dejé en el mundo para que no te perdieras.
A ti, que no siempre crees que estoy contigo, que me buscas sin hallarme y a veces pierdes la fe en encontrarme, a ti, que a veces piensas que soy un recuerdo y no comprendes que estoy vivo.
Yo soy el principio y el fin: soy el camino para no desviarte, la verdad para que no te equivoques y la vida para no morir. Mi tema preferido es el amor, que fue mi razón para vivir y para morir. Yo fui libre hasta el fin, tuve un ideal claro y lo defendí con mi sangre para salvarte. Fui maestro y servidor, soy sensible a la amistad y hace tiempo que espero que me regales la tuya. Nadie como yo conoce tu alma, tus pensamientos, tu proceder y sé muy bien lo que vales. Sé que quizás tu vida te parezca pobre a los ojos de Dios, sé que tienes mucho para dar, y estoy seguro que dentro de tu corazón hay un tesoro escondido: conócete a ti mismo y me harás un lugar a mí… Si supieras cuánto hace que golpeo las puertas de tu corazón y no recibo respuestas. A veces también me duele que me ignores y me condenes como Pilatos, otras que me niegues como Pedro y que otras tantas me traiciones como Judas.
Y hoy, te pido paciencia para tus padres, tolerancia para los ancianos, comprensión para todos tus hermanos, compasión para el que sufre, servicio para todos. Quisiera no volver a verte egoísta, orgulloso, rebelde, disconforme, pesimista… Desearía que tu vida sea alegre, joven y cristiana.
Cada vez que sientas que aflojas, búscame y me encontrarás; cada vez que te sientas cansado, háblame, cuéntame. Cada vez que creas que no servís para nada no te deprimas, no te creas poca cosa, no olvides que yo necesité de un asno para entrar en Jerusalén y necesito de tu pequeñez para entrar en el alma del prójimo. Cada vez que te sientas solo en el camino, no olvides que estoy contigo. No te canses de pedirme que yo no me cansare de darte, no te canses de seguirme que yo no me cansaré de acompañarte, nunca te dejaré solo. Aquí a tu lado me tienes, estoy para ayudarte.

Te quiero mucho,

TU AMIGO: JESÚS.